Cuando pienso en mi pasado y en mis metas veo que he
cumplido la gran mayoría de ellas. Cuando medito en los planes que yo tenía
para mi vida y lo que yo pensaba como prioridades cambiaron cuando tuve mis
hijos. Siempre pensé que lo que iba a hacer era casarme, tener hijos y ser toda
una profesional. Pero nunca se me ocurrió el ser una madre educadora en el
hogar.
Cuando crecía veía a esas madres que se quedaban en su
casa como mujeres que no tenían futuro o que no les importaba ser profesionales.
Mi cosmovisión hacia la mujer era que tenía que prepararse por si acaso te
dejaban podías mantenerte tu sola sin la ayuda de nadie que no necesitabas de
un hombre pero esto estaba lejos del plan de Dios.
No creo que haya nada malo
en ser una profesional aunque pienso que con cierto balance ya que las estadísticas
dicen que mientras más profesional la mujer es menos hijos desea tener o
ninguno. Pues claro está, no es fácil llevar una carrera profesional y levantar
una familia al mismo tiempo y yo pensaba que yo iba a ser una de esas mujeres
pero no fue así.
Antes de casarme mi esposo y yo decidimos que íbamos a
educar en el hogar pues porque habíamos visto los beneficios y teníamos
amistades que lo hacían pero al venir a vivir a Puerto Rico como que se me
olvidó lo que ya antes habíamos planificado ya que aquí tal parece que la meta
mayor es ser profesional. Entonces por un lapso de dos años experimenté
trabajar y ser madre a la vez y mi experiencia fue no tan satisfactoria.
Llevaba a los nenes al colegio bien temprano y me iba a
trabajar, luego los buscaba y los llevaba conmigo al trabajo y salía la mayoría
de las veces a las 10:00 a 11:00 pm para llegar a casa con ellos y tratar de
darles lo que sobraba de mis fuerzas y la mayoría de las veces seguir
trabajando en casa aun hasta los Domingos.
Se lo que es parir en mi caso una cesárea y tan pronto te
dan de alta estar en la oficina porque tenía que responder. Se lo que es estar
despierta toda una noche en el cuarto de un hospital con tu bebe y en la mañana
irme a trabajar y luego volver al hospital. Se lo que es recibir insultos de un
jefe y llevarle esa carga a mis hijos porque mis actitudes no eran las mejores.
Se lo que es estar tan cansada pero tener que hacer todas las tareas de la
casa, asignaciones y ser esposa. Y quizá mi experiencia fue tan y tan mala que quizá
digas pues claro que te fuiste a tu casa con todo lo que pasaste.
Pero en cierto
modo aunque mi experiencia profesional no era la más agradable tenía un salario
bastante bueno y pensaba que no iba a poder subsistir sin mi salario. Pero aun
no me daba cuenta de que mis prioridades no estaban en balance y aunque “in the
back of my mind” anhelaba estar en casa con mis hijos mis responsabilidades no
me lo permitían.
Pero algo maravilloso ocurrió y fue que comencé a orar
por el propósito de Dios para mi vida para mi familia, comencé a meditar en mis
prioridades en cuáles eran las instrucciones de Dios para nuestra familia.
Y Dios nos dio la instrucción de educar en el hogar. Qué
gran alivio sentí, que emoción pero también sentí pura inseguridad al pensar
que la educación de mis hijos estarían en mis manos, que yo sería responsable
de que ellos aprendieran pero más aun comprendí que Dios me estaba dando el
regalo del tiempo para discipular a mis hijos en cada área de sus vidas, de
estar presente cada minuto de tener una relación única, especial y de mucha
responsabilidad.
Tan pronto tomamos la decisión como familia mi esposo y
yo nos quedamos sin empleo! Lo primero que vino a mi mente fue cierta
inseguridad pero nos reafirmamos en la palabra que Dios nos había dado y
decidimos seguir hacia adelante con nuestros planes. Ese mismo año que comencé a
educar en el hogar me enferme de tal manera que mi cuerpo murió y lo único que
funcionaba era mi corazón y mi cerebro pero vimos el milagro de sanación de
Dios gracias a que todos los que me aman oraron sin cesar por mi sanidad.
También en esa cama de hospital mientras yo escuchaba “la
paciente no tiene pulso, la paciente no tiene pulso” y mi esposo y mi papá
escuchar que yo no pasaba la noche que en la mañana moriría yo oré en mi corazón
y le recordé a Dios sus promesas para mi vida y que era imposible que yo
muriera así que confié en él y todavía hoy recuerdo vívidamente esa oración. Así
que más que agradecida y luego de estar un mes en el hospital llegue a mi casa
aun con más ansias de educar en el hogar.
He disfrutado cada minuto con mis hijos, mi trabajo como
Administradora del hogar es 24/7 no se acaba el trabajo, lo que pasa es que a
veces yo lo ignoro, además de que creo firmemente que la ropa
tiene vida pues no haces más que guardar toda la ropa limpia y llega la otra
tanda. El levantarme en paz a recibir a mis hijos con su desayuno el despedir a
mi esposo con su almuercito el hablar de las maravillas de Dios en las matemáticas,
ciencias, artes, etc. El simplemente hecho de estar con ellos, de reír, de
disciplinar de conocer su corazón, de verlos crecer no lo cambio por nada del
mundo. Y si, tenemos nuestras luchas, hemos tenido que sacrificar lujos y cosas
materiales y hemos tenido necesidades PERO cuando tu confías en lo que Dios te
ha dicho el suplirá cada necesidad. Hemos visto su mano obrar!
Dicho esto yo
trabajo desde mi hogar y busco maneras de levantar finanzas, también estoy
activa en diferentes ministerios, yo no me he desconectado del mundo afuera lo único
es que mis prioridades cambiaron. Tampoco tengo a mis hijos ajenos al mundo,
pero si tengo la autoridad de escoger lo que entra a mi hogar y a que los
expongo.
Así que dicho todo esto admiro a todas aquellas madres
que tienen que salir a trabajar algunas por necesidad y otras por decisión propia
y a la vez están presentes en la vida de sus hijos pues se que no es fácil pues
al estar en la escuela viven experiencias tanto buenas como desafiantes y como
mamá buscan guardar el corazón de sus hijos y estar presentes.
Pero también admiro a aquellas madres que han decidido
dejarlo todo por educar a sus hijos en el hogar, aquellas que han puesto una
pausa a sus sueños por levantar sus hijos en el temor de Jehová, a las que
creen firmemente que aun con los desafíos diarios están obedeciendo lo que Dios
les mando a hacer. Que aprenden con sus hijos, que han hecho de esto su
ministerio principal a pesar de las miradas raras, de los comentarios sarcásticos
y de la incredulidad de muchos.
Entonces si cada familia tiene paz en lo que está
haciendo con sus hijos y están siguiendo las instrucciones del Señor bien por
cada uno de nosotros. Y he llegado a la conclusión de que no importa tus circunstancias,
lo que estés pasando en tu vida, los desafíos que tengas con tus hijos, lo
importante es que estés obedeciendo el propósito de Dios para tu vida y tus
hijos. Yo le doy gracias a Dios porque me permite estar con mis hijos y aunque
no es nada fácil no ha sido imposible pues la satisfacción que tengo sobrepasa
todas mis expectativas al ver los frutos que estoy cosechando.